Para algunos alumnos , alumnas , maestros , padres y madres de familia, estos días son de intensa actividad porque se acerca la fecha de graduación. La palabra proviene del latín gradus que significa grado, paso o peldaño.
Un acto de graduación es la ceremonia oficial que clausura el curso escolar y sirve de reconocimiento a los estudiantes que, a lo largo de él, han completado los requisitos académicos de un plan de estudios, y por lo tanto se han hecho merecedores a un certificado o a un título de estudios.
Aparte del evento protocolario, una graduación por lo general, va acompañada de un festejo de ciertas particularidades, que dependen de la tradición y costumbres de la localidad donde se encuentra ubicada la escuela, así como el sello que imprime el personal de la institución.
Los festejos que conlleva una graduación han cambiado con el tiempo y siempre han tenido un distingo entre el medio urbano y el rural y aún en éste varían, según su contexto socio histórico cultural.
En la ciudad, en lo que a Educación Básica se refiere, regularmente es un evento estrictamente oficial, con el protocolo de honores a la bandera, cambio de escoltas y toma de protesta, programa literario musical, informe directivo, entrega-recepción de documentos y clausura oficial.
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Voy a dejar aparte el acto cívico y me concretaré a las hechos que rodeaban al festejo, que en este medio es casi un rito, dado la fuerte tradición de hacerlo, he concluido que era o sea, porque en tiempos atrás, terminar la primaria era llegar a lo máximo,dadas las mínimas oportunidades de seguir estudiando.
Todo comenzaba, muchos días antes, con un conflicto a la hora de la reunión para ponerse de acuerdo para elegir, color, modelo, largo o accesorio del vestido de las niñas a lucir en el vals y en el baile de gala que era obligado en este tipo de eventos.Además el problema se agudizaba por el tipo de peinado, zapatos, escote , modista, peinadora etc. y cuando por desgracia intervenían algunas madres de familia para imponer sus gustos y voluntad era momentos apocalípticos... No podía ser de otra forma. Los niños-adolescente, inmutables solo esperaban la decisión final para saber el color adecuado al vestido de las niñas.
Después de la guerra de diseños, colores y peinados, invariablemente las partes en pugna firmaban la paz, con la intermediación de maestros o maestras que utilizaban sus mejores habilidades diplomáticas.
El paso siguiente consistía en ensayar el vals, que era la parte crucial del festejo,en esto no había mayor discusión puesto que la pieza musical y la coreografía corría a cargo de las maestras que diligentemente siempre apoyaban. Algo que he tenido siempre presente es que ningún niño o niña se negaba a participar, fueran ´hábiles para el baile o tiesos como yo, se entregaban con decisión a los ensayos. Recuerdo con emoción, a una de mis alumnas con un problema en una de sus extremidades, bailar gallardamente su vals sin ningún dejo de pena o de vergüenza. Era un orgullo hacerlo, así lo habían hecho los padres y los abuelos; más que un vals era un rito ceremonial.
Algo que no podía faltar eran los padrinos, se seleccionaban con mucha anterioridad, para que no fallaran y tuvieran tiempo para programarse. Para los niños eran madrinas y las niñas llevaban padrinos, todos con su regalo pasaban al presidium acompañando al ahijado a recibir los documentos correspondientes. Al final del recorrido la fotografía, en la que se tenía que hacer fila, porque solo había un fotógrafo y, eso conseguido con muchas dificultades. Los teléfonos celulares y sus pixeles era ciencia ficción.
Los programas de graduación se hacían calculando terminarlos con el crepúsculo.No había luz eléctrica, pero había que pegarlos al baile para que se juntara la gente.Acompañaba el programa la Banda de Viento, misma que echaba dianas al término de cada número y amenizaba las dos o tres noches de baile que se realizaban. _ "Va a ver tres noches de baile profe,"_ decían los niños emocionados en la víspera.
El momento esperado de la graduación, no era la entrega de documentos, la entrega de bandera, menos el informe directivo, se concentraba en el emblemático y último número del programa: El vals.
Ahí en ese momento, se olvidaba que la escolta perdió el paso; si el maestro de ceremonias se equivocó; que la cerveza ya estaba fría o si no habían llegado las lámparas de gas para iluminar la galera donde se realizaría el baile.
Todo... todo se concentraba en los protagonistas del vals, los alumnos y alumnas que dejando sus asientos se encaminaban con prontitud fuera de la pista para hacer su entrada triunfal; acomodándose entre ellos y acicalándose se alistaban para entrar... y lo hacían relucientes, magníficos y majestuosos, sabiéndose las estrellas de la noche, entraban nuestros alumnos a bailar su último vals.
Pudo ser Danubio Azul, Emperador o Voces de Primavera de Strauss, el vals de Las Flores de Tchaikowski. Alejandra o Sobre las Olas de Juventino Rosas. El caso es que siempre había nostalgia; en cada nota que el aire se llevaba,y en cada movimiento que se iba; también partía una generación de alumnos y alumnas que dejaban una huella indeleble en la memoria y en nuestros corazones.
Hay momentos y eventos que conjugan situaciones aparentemente discordantes por su importancia o su naturaleza, pero, que breves y aparentemente superfluos; son simbólicos y significativos en la vida de los pueblos.
El último vals, no era tal, lo significo como una ofrenda ceremonial en el que se daba término a los esfuerzos y sacrificios de las familias, y que daba paso a las satisfacción y celebración por el hecho de haber llegado. Una especie de fuego nuevo subliminal.
En una ocasión, por ordenes de la Secretaría de Educación, leímos a los padres la circular de fin de cursos donde indicaba la prohibición de realizar festejos con la clausura, esto para evitar merma a la economía familiar. La respuesta fue inmediata_ ¡ A ustedes que no les importe ese pinche papel ! _ dijo un papá un poco entrado en copas y más en años, _¡ Los que vamos gastar somos nosotros!_ siguió otra señora. ¡Siempre lo hemos hecho! se escuchó al fondo, y así hasta que se volvió un griterío. Obviamente cedimos. Después, celebrando nuestra humillante derrota , le decíamos a nuestro amigo y director... ¡ Y tú , que le haces caso a ese pinche papel ! Fue la comidilla de la tarde y parte de la noche. No podíamos con un documento de fin de cursos, romper con una tradición que tenía años celebrándose
Esta recopilación de vivencias transcurridas en la segunda mitad de los años setentas y principios de los ochenta son producto de mi estancia en la Escuela Primaria Netzahualcóyotl de los Ajos, Santa Clara, municipio de Tantoyuca, Veracruz.
Rindo homenaje póstumo a la Profa. Celerina Jerónimo Rodriguez, Maestra de vocación incalculable y a Gustavo García Saucedo, amigo leal y maestro de responsabilidad extraordinaria. Ambos estuvieron en muchos momentos aquí narrados.
Felicidades a quienes son próximos a graduarse. Recuerden que es un peldaño.
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Excelente, formé parte de esos momentos inolvidables...
ResponderBorrargracias por traerlos nuevamente a mi memoria.